viernes, 3 de enero de 2025

Se cumplen 92 años de la Revolución de los Hermanos Kennedy.

 



Por los Hermanos Kennedy se recuerda en la Argentina a un grupo de ciudadanos comandados por Eduardo, Roberto y Mario Kennedy que, en 1932, tomaron la ciudad de La Paz, Entre Ríos, en defensa de la democracia, contra el gobierno de facto que había derrocado el 6 de septiembre de 1930 al Presidente de la Nación, Hipólito Yrigoyen.​




“Nacieron en la estancia "Los Algarrobos", sita en el Distrito Estacas del Departamento La Paz (Entre Ríos). Es grande y arisco el solar. Tierra entrerriana de rancio abolengo democrático. Allí el derecho amanece con Artigas y llega al meridiano con Urquiza. Cuna de gauchos cantores y altaneros, prontos siempre a saltar a caballo para cruzarse por la dignidad. Honrada gente de campo acostumbrada a vivir mal y morir bien. Borrosas figuras de friso. Muy humildes, muy simples, sin letras casi. Rubrican con el lazo. Crecen en los peligros”, dice la pluma del escritor uruguayo Yamandú Rodríguez. Y continúa: “El predio familiar ofrece a los Kennedy su mano áspera: montes de quebracho que amacizan arbustos espinosos. Cada rotura tiene un zurcido de liana. De tanto en tanto el monte se detiene a respirar. La boca. Una abra. En seguida vuelve a cerrarse, tupido, elástico de enredaderas. Los senderos se arrastran. Forman nudos, se destrenzan”.



Un sobrino de los revolucionarios, Mario Crespo (hijo de Amalia Kennedy), contó lo siguiente: “Yo tenía ocho o nueve años cuando sucede el levantamiento. Ya mis tíos hacían reuniones secretas, en una casa que hacía poco se había construido frente a la mía, calle San Martín casi llegando a las barrancas del Paraná. Mi tío Eduardo vivía constantemente allí y junto a sus dos hermanos y otras personas se juntaban aunque no era un comité radical (...) recuerdo que fuimos al paraje “La Esmeralda” en vacaciones. Una mañana temprano llega una lancha de la Subprefectura con muchos policías y civiles armados “para agarrar a los Kennedy” –era el 4 o 5 de enero de 1932 si mal no recuerdo. Mis tíos estaban escondidos en el monte, en un lugar llamado El Quebrachal, de la estancia Los Algarrobos al este. Parece que alguien los denunció y por eso llegaba la lancha”.


El escritor uruguayo dijo: “Estaban en una feria ganadera efectuando ventas de toros, cuando recibieron noticias del atentado cometido el 6 de septiembre contra la Constitución Argentina. Desde ese momento los hermanos Kennedy vivieron para combatir al dictador.



Respecto al asalto, el uruguayo Yamandú Rodríguez subrayó que “la noche del tres, noche buena para la democracia, los Kennedy reúnen la columna de ataque. Son catorce hombres. Tienen armas cortas y brazos largos. Deliberan. Algunos confían sorprender a los enemigos. Uno de los revolucionarios propone entretener al centinela de la Jefatura para dar tiempo a que el grupo desemboque, le rodee, e impida pasar la alarma. Saben que el enemigo está alerta (...)


-Yo me encargo del centinela- dice Roberto.


Es suficiente garantía. Callan. Los tres hermanos pasan al frente. Las cabezas se inclinan sobre un reloj. Son las tres.


-Vamos. Y el puñado de patriotas se pone en marcha”.


Charlando sobre política nacional, Don Crespo comenta que “ellos van contra la Dictadura del General Uriburu que en septiembre de 1930 había derrocado a Yrigoyen y proscripto al radicalismo. Mis tíos son aliados del Teniente Gregorio Pomar, militar democrático. En 1932, se paró el levantamiento que tenía su Comando Central en Concordia y el grupo de La Paz no recibe el informe. Es decir, no vino el refuerzo desde el norte y la revolución fracasó. Hay varias versiones: unos dicen que el intermediario no simpatizaba con los Kennedy y demoró el aviso; otros, que hubo problemas de comunicación. De todas formas la gente de La Paz cumplió su rol: tomaron la policía, el telégrafo, custodiaron los bancos para que no se aproveche la oportunidad y sean robados... eran aproximadamente quince personas. Cuando llegan a la comisaría le dicen al guardia que no se resista que no le iba a pasar nada. Pero el guardia gatilla su máuser y todo desemboca en un enfrentamiento, mueren cinco policías. De este grupo yrigoyenista no hubo bajas, si muchos presos. Luego les comunican que la revolución había fracasado y deciden abandonar la ciudad junto a su fiel compañero, Papaleo”.


Yamandú señala que “la jefatura, estaba defendida por veinticinco hombres, distribuidos en tres guardias. La primera: el centinela. La segunda, formada por el Comisario y un agente. Y la tercera, custodia de la cárcel, fuerte de veintidós gendarmes. Tropa escogida, veterana y sobre aviso. Los Kennedy y sus compañeros avanzan en apretado grupo.


-Arriba las manos- gritan.


-Ha estallado la revolución- dice el centinela. Hace fuego tres veces sobre el grupo que adelanta a la carrera. Y salta hacia el portal, cubriéndose con sus disparos. Segundos después cae muerto. Roberto ha cumplido su promesa. Además, Mario alcanzó a ese enemigo con dos plomos de su revólver”.


El escritor añade: “Avanzan cinco héroes: Roberto, Mario, Eduardo, Molinari y Franco. El resto de los revolucionarios permanecen en la puerta cubriendo la retirada.


Al ver al comisario de servicio, Roberto le intima a la rendición. Desde su bufete el policía responde con varios disparos. Kennedy hace fuego entonces. Hiere. Es éste un bello encuentro personal, bala por bala. Pero se aproxima un gendarme. Y entra en pelea. Ambos apuntan al brioso Roberto.


-Matalo, Mario!- dice encarándose con el gendarme. Suenan dos detonaciones. Mario derriba al comisario de un balazo en la frente, Roberto hiere al soldado en las manos y le hace caer el máuser. Así a plomo y bravura toman la segunda guardia.


“Entréguense porque el que tire muere”. Con este grito los atacantes se lanzan sobre el grueso del enemigo. Dos Kennedy toman hacia la izquierda. Eduardo, Molinari y Franco adelantan por la derecha. Así desembocan en un pasillo. Crece el fuego de fusilería. Parece respirarles en la cara un vaho de muerte. Los cinco pelean a pie firme, en descubierto a toda talla, frente a veintidós gendarmes parapetados. Se calientan los revólveres. Las armas de precisión envuelven al grupo en un zumbido constante (...) Caen dos gendarmes. Al sentirse herido el "imaginaria" de los calabozos abandona la pelea. En ese momento se apagan las luces. Continúa a oscuras el combate. Ahora los Kennedy hacen puntería en el fogonazo de los fusiles. En el arco del fondo aparece un gendarme. Es valiente: el alma de la resistencia. Es preciso apagar esa vida para el bien de muchos. Molinari le enfoca con una linterna. A esa luz, Mario Kennedy hace fuego y mata.


Su caída señala el final del combate. Los gendarmes del fondo, huyen. Los del flanco, que tiraban al amparo de las recovas, arrojan las armas, se rinden.


La Jefatura de La Paz está en poder de la revolución. Entonces un gendarme se adelanta con la mano herida en lo alto. Roberto enfunda su revólver y en aquel pasillo, lleno de pólvora, abraza al soldado”.


Existe un monolito en el cementerio paceño “en homenaje a los caídos en defensa del deber”, funcionarios policiales.


Represión y exilio[editar]

Crespo explica que “ellos deciden irse al Uruguay por tierra firme. Porque también podían fugarse por la zona de islas pero la canoa que toman para cruzar a la isla Curuzú Chalí comienza a hacer agua y se tienen que volver. Mientras hacían tiempo para la retirada, llegan los policías: comienzan a resistir y bajan a cinco policías más (...) los tres eran buenos tiradores con revólver.


Sobre la frustración del levantamiento, ilustra Yamandú que “tomadas las medidas que aconseja el patriotismo, Eduardo Kennedy establece comunicación con Concordia. Debe pedir instrucciones al Comando General (...) Y reciben el primer golpe; Concordia está tranquila. Enseguida interceptan despachos de Goya y Curuzú Cuatiá. Estas Jefaturas militares alarmadas, piden refuerzos. En todos los puntos, excepto La Paz el intento revolucionario ha fracasado”.


Don Crespo afirma que “después de la amnistía una gran cantidad de gente los recibe en el Puerto de Buenos Aires como “héroes de la democracia”. Ellos tienen un desencuentro fuerte con el ala conservadora radical (los “galeritas” seguidores del Presidente Alvear) y forman el Partido Liberal Independiente. Creo que fue un error porque se quedaron sin base política. Mario volvió a Corrientes, Roberto a La Paz y Eduardo se quedó en Buenos Aires (...) Mario, en 1933, vuelve a la zona de Concordia para otra intentona (ver el texto Paso de los Libres de A. Jauretche). Pero es herido en el brazo y cruza nadando al Uruguay”.


La batalla en el monte El Quebrachal es dura: “Ni un ademán excesivo. Ni una palabra de más. Ni un disparo inútil. Ponen para morir, la misma dignidad con que vivieron. No combaten al dictador, sino a la dictadura. Hunden sus balas en las frentes de los enemigos como semillas en la tierra (...) En el otro campo sueltan plomos y gritos. Los Kennedy responden con su puntería. Con su altivez. Con su formidable decisión de vencer. Son muchos gendarmes, hombres probados (...) Para cada revolucionario hay siete gendarmes. Pero éstos tiran a cubierto. Por no perder las ventajas de su posición disminuyen la justeza de sus disparos. Atacan a la defensiva. En cambio los Kennedy no tienen nada que cuidar. Están bien ocultos tras su armadura de carne. Disponen de todo su poder combativo. Y lo gastan”.


Más adelante, Rodríguez dice que “van varios minutos de pelea. Los sitiadores han hecho cien disparos. Los Kennedy, siete. Con ellos voltearon seis gendarmes. Excepto el enemigo que recibió dos proyectiles en el pecho, todos fueron heridos en la frente. El batallón de los cuatro sigue ileso. Los atacantes ven diezmar sus fuerzas”.


El Gobernador de la provincia de Entre Ríos, Luis Etchevehere, siguiendo órdenes del Estado nacional manda a reprimir la asonada por agua, tierra y aire. Siete aviones de guerra lanzaron sus bombas sobre el monte paceño: “Todo tiembla y cae, excepto los Kennedy”, cuenta la leyenda.


“Lo doloroso es que pájaros y árboles son del mismo suelo. Sobre tierra Argentina cayeron las primeras bombas de la cuarta armada. Iban contra cuatro patriotas”, señala Yamandú.


“Ave María Purísima” es el saludo de los tres hermanos cuando se encuentran con los hogares de paisanos, al huir hacia el sur correntino para llegar a la República Oriental del Uruguay. Cruzan los arroyos Tacuaras y Yacaré, llegan al Paso Cejas, atraviesan el río Guayquiraró hacia Monte Caseros.


A pesar de la vigilancia y el control de las fuerzas armadas, los hermanos logran romper el potente cerco ya que “Corrientes parecía un campamento militar”.


La diferencia es que los Kennedy tienen compañeros y los dictadores servidumbre, comenta la historia popular. Esa historia con mayúsculas que a veces se escribe en los libros. Esa historia que nos ayudará a encontrar nuestras raíces para forjar una sociedad mejor.



El 5 y 6 de enero de 2007 se realizó en La Paz la primera jornada de revisionismo histórico, organizada por el Centro de Estudios Históricos Arturo Jauretche (CEHAJ) y la Dirección de Cultura de la ciudad.


Las jornadas se realizaron en la primera semana del año ya que en ese momento se cumplió el 75.º aniversario de la rebelión de los hermanos Kennedy producida en el año 1932.


El coordinador del Cehaj, comentó en esa oportunidad que "el revisionismo histórico es una corriente importante que tiene sus matices pero que intenta poner en crisis la historia oficial, basada principalmente en los textos de Bartolomé Mitre y Vicente Fidel López".​


También señalaron que "el centro de estudios se denomina Jauretche no por casualidad; el Vasco fue uno de los fundadores de la agrupación Forja, un nexo entre el yrigoyenismo y el peronismo, dos importantes movimientos populares que piensan con cabeza propia los problemas nacionales y latinoamericanos".


"Jauretche es uno de los referentes de esta corriente de pensamiento y su figura estará sobrevolando las Jornadas de historia en enero".


Ese día el historiador Norberto Galasso envió una carta de reconocimiento a los revolucionarios que se alzaron contra la Década infame.


El testimonio oral vino de la mano de María Elena Franchini, sobrina de los revolucionarios y tenaz defensora de la causa de sus tíos.


El 6 de enero se homenajeó a Mario, Roberto y Eduardo Kennedy, en el 75° aniversario del levantamiento yrigoyenista en contra de la dictadura de Uriburu, en la oportunidad se plantaronn tres árboles nativos: dos Timbó en el parque Berón de Astrada y un Espinillo en la Plaza Central.


Los Kennedy del Sur, de Daniel González Rebolledo[editar]

El libro fue publicado por primera vez en 2005, y debido a que la obra fue premiada por la Universidad Nacional de Entre Ríos, se realizó una segunda edición. En esta segunda edición de Simurg ediciones, de Buenos Aires, el autor agrega el Romance de los Kennedy que a su entender "resignifica" la novela y que en la primera edición no había sido incluido por una cuestión de requisitos del concurso en cuanto al número de páginas. González Rebolledo investiga durante 10 años, aprovechando que sus vacaciones de verano transcurrían en general con una estadía en las afueras de La Paz con su familia, esta historia que había estado muy velada, busca datos en la oralidad, en los diarios de la època, en parientes y personas allegadas de algún modo a quiénes formaron parte de esa patriada que lideraron "los locos Kennedy" como decían en general las fuentes consultadas, y este iba a ser el título de la novela, pero luego, pensando en cuán colonizados estamos como para saber más de los Kennedy del norte que de estos paisanos nuestros, demócratas por convicción y arrojo, resolvió titularla: Los Kennedy del Sur


La obra es una ficción, tomando como referencia histórica la revolución de los hermanos Kennedy, realizada el 3 de enero del año 1932 en La Paz, Entre Ríos. Los Kennedy eran productores rurales y deciden ir en contra del gobierno de facto, en aquel momento, de José Félix José Félix Uriburu. Este había sido el primer militar que había derrocado a un presidente civil, elegido por el pueblo, que fue Hipólito Yrigoyen, y frente a este hecho los Kennedy se levantan en La Paz, articulándose en una serie de levantamientos a lo ancho y a lo largo del país, pero que fracasan en todos los demás lugares, y solamente ellos llevan adelante la lucha armada hasta las últimas consecuencias.




Ordenanza 890/09.

El 23 de marzo de 2009 el Concejo Deliberante de la ciudad de La Paz (Entre Ríos) denominó la ruta de ingreso a la ciudad "Hermanos Kennedy" (proyecto presentado por el concejal Hugo Segovia). A raíz de la iniciativa del HCD, el 20 de noviembre de 2009 por la tarde se inaugura una placa en el arco de acceso a la ciudad. El acto es convocado por los familiares de los 3 revolucionarios; adhieren el Municipio local y el CEHAJ.


Teatro "Los Kennedy" de Alan Robinson


Folleto de difusión obra de teatro.

El 21 de agosto de 2010 el grupo Late Teatro (Paraná, Entre Ríos) hizo la primera función de la obra "Hermanos Kennedy" en la Biblioteca Popular de la ciudad de La Paz. La obra representó a la provincia de Entre Ríos en la Fiesta Nacional del Teatro, en el año 2011.


viernes, 21 de julio de 2023

Se cumplen 4 años de esta tan vigente editorial de Jorge Rulli.

 



Sigo reflexionando y concluyo que el concepto quizá más importante que tenemos delante por develar, es el de la COLUSION. Colusión es el acuerdo entre dos personas o sectores diversos para dañar a un tercero . Me estoy refiriendo a la grieta, y opino que el intento de Lavagna de crear una alternativa , ni siquiera pudo despegar, lamentablemente. Las causas de ello, creo que no vienen al caso,porque nos distraerían de la cuestión principal. He señalado la colusión entre Mauricio y Cristina retiradamente, denunciando el Pacto de "Los Murmullos", la estancia patagónica del dueño del Dipló, uno de los latifundistas más grandes de la Argentina donde se encontraron alguna vez para acordar políticas de confrontación y de simulación. . Pero más allá de ese anecdotario que incluye los compromisos de ambos en el caso Oderbrecht , que casualmente en la Argentina no pudieron salir a la luz,porque incluía a unos y a otros,está la historia misma de Mauricio y el menemismo.

Menem, del que ya poco se habla, porque todos tienen su cola sucia en esa etapa, fue el punto en que cambió el sentido y la historia de lo que se conoce como peronismo o pejotismo.Mauricio era uno de los entenados de esa época de apostasía y grandes negocios ambientales que presidia María Juliia y Yabran. Mauricio dominaba unas 300 empresas ligadas a la basura y a la incineración de residuos y contaba con todo el apoyo de la Casa Rosada. Me consta. La ligazón con Grosso,intendente de Buenos Aires, también fue intensa- Grosso provenía de la protección que Franco le brindara a muchos antiguos cuadros del peronismo setentista durante la Dictadura.Esa relación , se consolidó en aquellos años y es difícil discernir, si los cuadros de la administraciòn Grosso en CABA, eran de Grosso o eran de Mauricio, ya que Grosso sigue siendo uno de los asesores preferidos del actual Presidente..- Esta historia que conozco fehacientemente , y que sufrí en el plano personal y familiar , es la que me conduce a molestarme cada vez que se enfatiza el rol despótico y de enemigo que se le asigna a Mauricio, desconociendo los antecedentes que lo ligaron al menemismo al que por supuesto, no se critica y se avala como parte de una misma historia "peronista"... 

Otro concepto que se me impone y que necesito expresar ahora, es el de ser rehenes . Todos somos rehenes . Muchos votarán a Macri, por espanto y por rechazo a la terrible y extendida corrupción del kirchnerismo. También lo votarán porque suponen que con él se alejan las ocupaciones de tierras con plástico negro , las ollas populares y los cortes de calles. El voto a Mauricio alienta un estúpido supremacismo blanco y clasemediero que, en realidad, es parte del juego de la colusión. En el otro bando de la grieta están los que por espanto a Macri, votarán a los Fernández. También son rehenes , por supuesto. Elegirán entre la Coca y la Pepsi,pero además , votarán a los canditatos venales de un Peronismo intrusado que se ha especializado en la administración de la pobreza y en las prácticas del asistencialismo . Ni unos ni otros escapan a las reglas de las nuevas colonialidades , en que la administración la ejercen diversos sectores en pugna de una burguesía prebendaria, osea de un empresariado que vive y se enriquece del Estado, osea de la obra pùblica. En definitiva podríamos decir de manera simplista, que Mauricio noes más que un Lázaro Baez , pero de signo político diferente. De hecho, todos han aceptado la existencia de un gobierno superior que determina las políticas económicas y que es el FMI.. Todos son gerentes, en el juego de las sillas , que es lo que se disputa . Comnparten el modelo minero extractivo y agrobiotecnológico. Unos y otros han multiplicado los presupuestos para planes sociales , con la diferencia de que Macri, se atrevió a tercerizar el manejo de la pobreza y lo hizo con organizaciones sociales kirchneristas o de izquierda. En este sentido sorprende que no se vea con mayor claridad la colusión. Si la fórmula de los Fernandez respaldada ahora por Clarín , está hecha para ganar o para perder , lo sabremos más adelante . Lo que resulta evidente es que Cristina no será desaforada y que quien lo garantiza es el candidato a vicepresidente con Macri. Con más de trece procesos y cientos de testigos que la incriminan , además de su propio contador, puede viajar por el mundo libremente y ser candidata a vicepresidenta de la Nación, mientras las cárceles argentinas están repletas de pobres estructurales por delitos menores con prisiones indefinidas . Los que votarán a los Fernandez, también tienen sus razones Los tarifazos de Macri y el cierre de fuentes de trabajo están llevando la vida de muchísima gente a límites insoportables. La miopìa que produce la desesperación conduce a repetir que es preciso terminar con este gobierno de cualquier manera..y ello puede comprenderse y justificarse , aunque està en nuestra reponsabilidad, analizar lo que podría venir luego y que probablemente pueda ser igual o peor. Ene ste punto resulta difícil sugerir qué hacer o qué camino tormar dado que las reglas que impone la colusión y el ser rehenes sociales o ideológicos, trampean toda alternativa y obturan toda posibilidad de salida. De allíque consideremos evitar el seguir fragmentándonos o confrontando frente a la salida electoral que nos ofrece un sistema de democracia representativa absolutamente colapsado y en cambio, continuar consolidando caminos de convivencia y de organización popular . A nuestro alrededor innumerables iniciativas dan cuenta de la voluntad de vivir en un país mejor y más solidario. Estos esfuerzos nos alientan a continuar pensando que otro país es posible, un país en que la ecología y la preservación del ambiente, las relaciones intervecinales o la modificación de los modelos productivos desde abajo abran esperanzas de un cambio real en nuestras vidas .

En las opciones inmediatas que cada uno considere necesario tomar , reclamemos tan solo lucidez . Que nadie crea que votando a una lista o a otra cambiará el destino nacional. Que cada uno reasuma cuanto pueda su poder personal y que más allá de la decisión que adopte escape al menos espiritualmente de las trampas de la colusión y del ser rehen. //Jorge Rulli.

viernes, 27 de enero de 2023

Hace 74 años Perón le hablaba a los Convencionales Constituyentes: "lo que el pueblo argentino desea es no tolerar ultrajes de fuera, ni de dentro, ni admitir vasallaje político ni económico; vivir en paz con todo el mundo"

 




Señores Convencionales Constituyentes:

En la historia de todos los pueblos hay momentos brillantes cuyas fechas se celebran año tras año y en las cuales se establecen los principios y despiertan los valores que los acompañaron en su vida de Nación; tales fueron entre nosotros la Revolución de Mayo y su trascendencia americana impulsada por nuestros generales y por nuestros soldados.

Están unidas estas fechas al entusiasmo popular que les otorga siempre un matiz de espontaneidad propicio para cantar el triunfo o la derrota. Son las horas solemnes que gestan la historia, son los momentos brillantes que cantan los poetas y declaman los políticos, son las horas de exaltación y de triunfo.

Hay otras épocas en que, calladamente, los países se organizan sobre sólidos cimientos. Se las puede llamar épocas de transición, porque siempre señalan la decadencia de una era y el comienzo de otra. Pero no es esa su mayor importancia, sino que en realidad, en tales momentos, se extraen conclusiones y recapitulan los resultados de los hechos precedentes para poder aplicar unos y otros al porvenir. El entusiasmo cede su puesto a la serena reflexión, porque es necesario abstraer y clasificar para poder organizar y constituir. El resultado no depende de la fuerza ni del ingenio, sino del buen criterio y la imparcialidad de los hombres. 

Dios no ha sido avaro con el pueblo argentino. Hemos saboreado los momentos de emoción exaltada y gustado las horas tranquilas de cimentación jurídica. 

La cruzada emancipadora y la era constituyente son altísimos exponentes de la creación heroica y de la fundación jurídica.


El genio tutelar 

Permitidme que después de agradecer la invitación que me habéis hecho de asistir a este acto tan trascendental para la vida de la República, eleve mi corazón y mi pensamiento hacia las regiones inmarcesibles, donde mora el genio tutelar de los argentinos, el general San Martín. 

San Martín es el héroe máximo, héroe entre los héroes y Padre de la Patria. Sin él se hubieran diluido los esfuerzos de los patriotas y quizás no hubiera existido el aglutinante que dio nueva conformación al continente americano. Fue el creador de nuestra nacionalidad y el libertador de pueblos hermanos. Para él sea nuestra perpetua devoción y agradecimiento. Los Constituyentes del 53 habían padecido ya las consecuencias de la desorganización, de la arbitrariedad y de la anarquía. La Generación del 53 era la sucesora de aquella de la Independencia, la heroica. Más que la estrategia de los campos de batalla tenía presente la obscura lucha civil; más que los cabildos populares, la desorganización política y el abandono de las artes y de los campos. Había visto de cerca la miseria, la sangre y el caos; pero debía elevarse apoyándose en el pasado para ver, más allá del presente, la grandeza del futuro; y más aún, tenía que sobreponerse a la influencia extranjera, ahondar en el modo de ser del país para no caer en la imitación de leyes foráneas. Hubo de liberarse de la intransigencia de los círculos cerrados y de los resabios coloniales, para que la Constitución no fuera a la zaga de las de su tiempo. 

Augustos diputados de la Nación nombró Urquiza a los del Congreso Constituyente, y no estuvieron por debajo de ese adjetivo; reconstruyeron la Patria; terminaron con las luchas y unieron indisolublemente al pueblo y a la soberanía, renunciando a todo interés que estuviera por debajo del bienestar de la Nación. 

De esta manera se elaboró nuestra Carta Magna, no sólo para legislar sino para organizar, defender y unir a la Argentina. 

Los nuevos tiempos

La evolución de los pueblos, el simple transcurso de los tiempos, cambian y desnaturalizan el sentido de la legislación dictada para los hombres de una época determinada. Cerrar el paso a nuevos conceptos, nuevas ideas, nuevas formas de vida, equivale a condenar a la humanidad a la ruina y al estancamiento. Al pueblo no pueden cerrársele los caminos de la reforma gradual de sus leyes; no puede impedírsele que exteriorice su modo de pensar y de sentir y los incorpore a los cuerpos fundamentales de su legislación. No podía el pueblo argentino permanecer impasible ante la evolución que las ideas han experimentado de cien años acá. Mucho menos podía tolerar que la persona humana que el caballero que cada pecho criollo lleva dentro, permaneciera a merced de los explotadores de su trabajo y de los conculcadores de su conciencia. Y el límite de todas las tolerancias fue rebasando cuando se dio cuenta que las actitudes negativas de todos los poderes del Estado conducían a todo el pueblo de la Nación Argentina al escepticismo y a la postración moral, desvinculándolo de la cosa pública.

El derecho a la revolución

Las fuerzas armadas de la Nación, intérpretes del clamor del pueblo, sin rehuir la responsabilidad que asumían ante el pueblo mismo y ante la Historia, el 4 de junio de 1943, derribaron cuanto significaba una renuncia a la verdadera libertad, a la auténtica fraternidad de los argentinos.

La Constitución conculcada, las leyes incumplidas o hechas a medida de los intereses contrarios a la Patria; las instituciones políticas y la organización económica al servicio del capitalismo internacional; los ciudadanos burlados en sus más elementales derechos cívicos; los trabajadores a merced de las arbitrariedades de quienes obraban con la impunidad que les aseguraban los gobiernos complacientes. Este es el cuadro que refleja vivamente la situación al producirse el movimiento militar de 1943.

No es de extrañar que el pueblo acompañara a quienes, interpretándole, derrocaban el régimen que permitía tales abusos.

Por eso decía que no pueden cerrárseles los caminos de la reforma gradual y del perfeccionamiento de los instrumentos de gobierno que permiten y aun impulsan un constante progreso de los ciudadanos y un ulterior perfeccionamiento de los resortes políticos. 

Cuando se cierra el camino de la reforma legal nace el derecho de los pueblos a una revolución legítima.

La historia nos enseña que esta revolución legítima es siempre triunfante. No es la asonada ni el motín ni el cuartelazo; es la voz, la conciencia y la fuerza del pueblo oprimido que salta o rompe la valla que le oprime. No es la obra del egoísmo y de la maldad. La revolución en estos casos es legítima, precisamente porque derriba el egoísmo y la maldad. No cayeron éstos pulverizados el 4 de junio. Agazapados, aguardaron el momento propicio para recuperar las posiciones perdidas. Pero el pueblo, esta vez, el pueblo solo, supo enterrarlos definitivamente el 17 de octubre.

La justicia social

Y desde entonces, la justicia social que el pueblo anhelaba, comenzó a lucir en todo su esplendor. Paulatinamente llega a todos los rincones de la Patria, y sólo los retrógrados y malvados se oponen al bienestar de quienes antes tenían todas las obligaciones y se les negaban todos los derechos.

Afirmada la personalidad humana del ciudadano anónimo, aventada la dominación que fuerzas ajenas a las de la soberanía de nuestra Patria ejercían sobre la primera de nuestras fuentes de riqueza, es decir, sobre nuestros trabajadores y sobre nuestra economía; revelada de nuevo el ansia popular de vivir una vida libre y propia, se patentizó en las urnas el deseo de terminar para siempre y el afán de evitar el retorno de las malas prácticas y malos ejemplos que impedían el normal desarrollo de la vida argentina, por cauces de legalidad y de concordia.

El clamor popular que acompañó serenamente a las fuerzas armadas el 4 de junio y estalló pujante el 17 de octubre, se impuso, solemne, el 24 de febrero. 

Tres fechas próximas a nosotros, cuyo significado se proyecta hacia el futuro, y cuyo eco parece percibirse en las generaciones del porvenir. La primera señala que las fuerzas armadas respaldan los nobles deseos y elevados ideales del pueblo argentino; la segunda, representa la fuerza quieta y avasalladora de los pechos argentinos decididos a ser muralla para defender la ciudadela de sus derechos o ariete para derribar los muros de la opresión; y en la última, resplandece la conjunción armónica, la síntesis maravillosa y el sueño inalcanzado aún por muchas democracias de imponer la voluntad revolucionaria en las urnas, bajo la garantía de que la libre conciencia del pueblo sería respaldada por las armas de la Patria. 

La gran tarea

Desde este punto y hora comenzó para la Argentina la tarea de su reconstrucción política, económica y social. Comenzó la tarea de destruir todo aquello que no se ajusta al nuevo estado de la conciencia jurídica expresada tan elocuentemente en las jornadas referidas y confirmada cada vez que ha sido consultada la voluntad popular. Podemos afirmar que hoy el pueblo argentino vive la vida que anhelaba vivir. 

No hubiéramos reparado en nada si para devolver su verdadera vida al pueblo argentino hubiera sido preciso transformar radicalmente la estructura del Estado; pero, por fortuna, los próceres que nos dieron honor, Patria y bandera, y los que más tarde estructuraron los basamentos jurídicos de nuestras instituciones, marcaron la senda que indefectiblemente debe seguirse para interpretar el sentimiento argentino y conducirlo con paso firme hacia sus grandes destinos. Esta senda no es otra que la libertad individual, base de la soberanía; pero ha de cuidarse que el abuso de la libertad individual no lesione la libertad de otros y que la soberanía no se limite a lo político, sino que se extienda a lo económico o, más claramente dicho, que para ser libres y soberanos no debemos respetar la libertad de quienes la usen para hacernos esclavos o siervos. 

Por el instinto de conservación individual y colectivo, por el sagrado deber de defender al ciudadano y a la Patria, no debemos quedar indefensos ante cualquiera que alardeando de su derecho a la libertad quiera atentar contra nuestras libertades. Quien tal pretendiera tendrá que chocar con la muralla que le opondrán todos los corazones argentinos. 

Hasta el momento actual, sólo se habían enunciado los problemas que debían solucionarse de acuerdo a la transformación que el pueblo argentino desea. Ahora, la representación de la voluntad general del pueblo argentino ha manifestado lo que contiene esta voluntad y a fe que no es mucho. Yo, que he vivido con el oído puesto sobre el corazón del pueblo, auscultando sus más mínimos latidos, que me he enardecido con la aceleración de sus palpitaciones y abatido con sus desmayos, podría concretar las aspiraciones argentinas diciendo que lo que el pueblo argentino desea es no tolerar ultrajes de fuera, ni de dentro, ni admitir vasallaje político ni económico; vivir en paz con todo el mundo, respetar la libertad de los demás, a condición de que nos respeten la propia; eliminar las injusticias sociales, amar a la Patria y defender nuestra bandera hasta nuestro último aliento.

Convencido como estoy de que estos son los ideales que encarnan los convencionales aquí reunidos, permitidme que exprese la emoción profunda que me ha producido ver, que para precisar el alcance de anhelo de los Constituyentes del 53 el Partido Peronista haya acordado ratificar en el Preámbulo de la Carta Magna de los argentinos, la decisión irrevocable de constituir lo que siempre he soñado: una Nación socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana.

Con la mano puesta sobre el corazón, creo que este es el sueño íntimo e insobornable de todos los argentinos; de los que me siguen y de los que no tengo la fortuna de verles a mi lado. 

Las reformas

Con las reformas proyectadas por el Partido Peronista, la Constitución adquiere la consistencia de que hoy está necesitada. Hemos rasgado el viejo papelerío declamatorio que el siglo pasado nos transmitió; con sobriedad espartana escribimos nuestro corto mensaje a la posteridad, reflejo de la época que vivimos y consecuencia lógica de las desviaciones que habían experimentado los términos usados en 1853.

El progreso social y económico y las regresiones políticas que el mundo ha registrado en los últimos cien años, han creado necesidades ineludibles; no atenderlas proveyendo a lo que corresponda, equivale a derogar los términos en que fue concebida por sus autores. 

¿Podían imaginar los Constituyentes del 53 que la civilización retrocediera hasta el salvajismo que hemos conocido en las guerras y revoluciones del siglo XX? ¿Imaginaron los bombardeos de ciudades abiertas o los campos de concentración, las brigadas de choque, el fusilamiento de prisioneros, las mil violaciones al derecho de gentes, los atentados a las personas y los vejámenes a los países que a diario vemos en esta posguerra interminable? Nada de ello era concebible. Hoy nos parece una pesadilla, y los argentinos no queremos que estos hechos amargos se puedan producir en nuestra Patria. Aún más: deseamos que no vuelvan a ocurrir en ningún lugar del mundo. ¡Anhelamos que la Argentina sea el reducto de las verdaderas libertades de los hombres y la Constitución su imbatible parapeto! 

Orden interno

En el orden interno, ¿podían imaginarse los Convencionales del 53 que la igualdad garantizada por la Constitución llevaría a la creación de entes poderosos, con medios superiores a los propios del Estado? ¿Creyeron que estas organizaciones internacionales del oro se enfrentarían con el Estado y se negarían a sojuzgarle y a extraer las riquezas del país? ¿Pensaron siquiera que los habitantes del suelo argentino serían reducidos a la condición de parias obligándoles a formar una clase social pobre, miserable y privada de todos los derechos, de todos los bienes, de todas las ilusiones y de todas las esperanzas? ¿Pensaron que la máquina electoral montada por los que se apropiaron de los resortes del poder llegaría a poner la libertad de los ciudadanos a merced del caudillo político, del "patrón" o del "amo", que contaba su "poderío electoral" por el número de conciencias impedidas de manifestarse libremente?

Hay que tener el valor de reconocer cuándo un principio aceptado como inmutable pierde su actualidad. Aunque se apoye en la tradición, en el derecho o en la ciencia, debe declararse caduco tan pronto lo reclame la conciencia del pueblo. Mantener un principio que ha perdido su virtualidad, equivale a sostener una ficción.

Con las reformas propiciadas pretendemos correr definitivamente un tupido velo sobre las ficciones que los argentinos de nuestra generación hemos tenido que vivir. Deseamos que se desvanezca el reino de las tinieblas y de los engaños. Aspiramos a que la Argentina pueda vivir una vida real y verdadera. Pero esto sólo puede alcanzarse si la Constitución garantiza la existencia perdurable de una democracia verdadera y real.

El ideal revolucionario

La demostración más evidente de que la conquista de nuestras aspiraciones va por buen camino la ofrece el hecho de que se reúne el Congreso Nacional Constituyente después de transcurridos más de cinco años y medio del golpe de fuerza que derribó el último gobierno oligárquico. La acción revolucionaria no hubiera resistido los embates de la pasión, de la maldad y de odio si no hubiese seguido la trayectoria inicial que dio impulso y sentido al movimiento. La idea revolucionaria no hubiera podido concretarse en un molde constitucional de no haber podido resistir las críticas, los embates y el desgaste propios de los principios cuando chocan con los escollos que diariamente salen al paso del gobernante. Los principios de la revolución no se hubieran mantenido si no hubiesen sido el fiel reflejo del sentimiento argentino. 

Muy profunda ha de ser la huella impresa en la conciencia nacional por los principios que rigen nuestro movimiento cuando en la última consulta electoral el pueblo los ha consagrado otorgándoles amplios poderes reformadores. Y de esta Asamblea que hoy inicia su labor constructiva debe salir el edificio que la Nación entera aguarda para alojar dignamente el mundo de ilusiones y esperanzas que sus auténticos intérpretes le han hecho concebir. 

En este momento se agolpan en mi mente las quimeras de nuestros próceres y las inquietudes de nuestro pueblo. Los episodios que han jalonado nuestra historia. La lucha titánica desarrollada en los casi ciento treinta y nueve años transcurridos desde el alumbramiento de nuestra Patria. La emancipación, los primeros pasos para organizarse, las discordias civiles, la estructuración política, los anhelos de independencia total, la entrega a los intereses foráneos, la desesperación del pueblo al verse sojuzgado económicamente y el último esfuerzo realizado por romper toda atadura que nos humillara y toda genuflexión que nos ofendiera. 

Todo esto desfila por mi mente y golpea mi corazón con igual ímpetu que percute y exalta vuestro espíritu. Y pienso en los fútiles subterfugios que se han opuesto a las reformas proyectadas. Y veo tan deleznables los motivos y tan envueltas en tinieblas las sinrazones, que ratifico, como seguramente vosotros ratificáis en el altar sagrado de vuestra conciencia, los elevados principios en que las reformas se inspiran y las serenas normas que concretan sus preceptos.

Y consciente de la responsabilidad que a esta Magna Asamblea alcanza, os exhorto a que ningún sórdido interés enturbie vuestro espíritu y ningún móvil mezquino desvíe vuestro derrotero. Que salga limpia y pura la voluntad nacional. ¡Así añadiréis un galardón más de gloria a nuestra Patria! 

Interés supremo de la Patria

En los grandes rasgos de las reformas proyectadas por el Partido Peronista, se perfila clara la voluntad ciudadana que ha empujado nuestros actos. 

Cuando al crearse la Secretaría de Trabajo y Previsión se inició definitivamente la era de la política social, las masas obreras argentinas siguieron esperanzadamente la cruzada redentora que de tanto tiempo atrás anhelaban. Vieron claro el camino que debía recorrerse. En el discurso del día 2 de diciembre de 1943 afirmaba que "por encima de preceptos casuísticos, que la realidad puede tornar caducos el día de mañana, está la declaración de los altísimos principios de colaboración social". El objeto que con ello perseguía era: robustecer los vínculos de solidaridad humana, incrementar el progreso de la economía nacional, fomentar el acceso a la propiedad privada, acrecer la producción en todas sus manifestaciones y defender al trabajador mejorando sus condiciones de trabajo y de vida.

Al volver la vista atrás y examinar el camino recorrido desde que tales palabras fueron pronunciadas, no puedo menos que preguntar a los esforzados hombres de trabajo de mi Patria entera si, a pesar de todos los obstáculos que se han opuesto al logro de mis aspiraciones he logrado o no lo que me proponía alcanzar.

Y cotejando este programa mínimo, esbozo de la primera hora, cuando era tan fácil prometer sin tasa ni medida, ¿no es cierto que se nota una completa analogía con los rasgos esenciales de la reforma que el peronismo lleva al Congreso Constituyente? La mesura con que Dios guió mis primeros pasos es equiparable a la prudencia que inspira las reformas proyectadas.

Si así no hubiera sido, tened la absoluta certeza, de que, como jefe del partido, no hubiera consentido que se formularan. En toda mi vida política he sostenido que no dejaré prevalecer una decisión del partido que pueda lesionar en lo más mínimo el interés supremo de la Patria. Creed que esta afirmación responde al más íntimo convencimiento de mi alma, y que fervientemente pido a Dios que mientras viva me lo mantenga. 

Había pensado en la conveniencia de presentar ante Vuestra Honorabilidad el comentario de las reformas que aparecen en el anteproyecto elaborado por el Partido Peronista. Desisto, sin embargo, de la idea porque exigiría un tiempo excesivo. Por otra parte, la explicación se encuentra sintetizada en el propio anteproyecto y desarrollada ampliamente por mí en un discurso que ha tenido amplia difusión.

La presencia de los pueblos

Señores: La comunidad nacional como fenómeno de masas aparece en las postrimerías de la democracia liberal. Ha desbordado los límites del ágora política ocupada por unas minorías incapaces de comprender la novedad de los cambios sociales de nuestros días. El siglo XIX descubrió la libertad, pero no pudo idear que ésta tendría que ser ofrecida de un modo general, y que para ello era absolutamente imprescindible la igualdad de su disfrute.

Cada siglo tiene su conquista, y a la altura del actual debemos reconocer que así como el pasado se limitó a obtener la libertad, el nuestro debe proponerse la justicia.

El contenido de los conceptos Nación, sociedad y voluntad nacional no era antes lo que es en la actualidad. Era una fuerza pasiva; era el sujeto silencioso y anónimo de veinte siglos de dolorosa evolución. Cuando este sujeto silencioso y anónimo surge como una masa, las ideas viejas se vuelven aleatorias, la organización política tradicional tambalea. 

Ya no es posible mantener la estructuración del Estado en una rotación entre conservadores y liberales. Ya no es posible limitar la función pública a la mera misión del Estado-gendarme. No basta ya con administrar: es imprescindible comprender y actuar. Es menester unir; es preciso crear.

Cuando esa masa planta sus aspiraciones, los clásicos partidos turnantes averiguan que su dispositivo no estaba preparado para una demanda semejante. Cuando la democracia liberal divisa al hombre al pie de su instrumento de trabajo, advierte que no había calculado sus problemas, que no había contado con él, y, lo que es más significativo, que en lo futuro ya no se podrá prescindir del trabajador.

Lo que los pueblos avanzan en el camino político, puede ser desandado en un día. Puede desviarse, rectificarse o perderse lo que en el terreno económico se avanza. Pero lo que en el terreno social se adelante, esto no retrocede jamás.

Democracia social

Y la democracia liberal, flexible en sus instituciones para retrocesos y discreteos políticos y económicos, no era igualmente flexible para los problemas sociales; y la sociedad burguesa, al romper sus líneas ha mostrado el espectáculo impresionante de los pueblos puestos de pie para medir la magnitud de su presencia, el volumen de su clamor, la justicia de sus aspiraciones. 

A la expectación popular sucede el descontento. La esperanza en la acción de las leyes se transforma en resentimiento si aquéllas toleran la injusticia. El Estado asiste impotente a una creciente pérdida de prestigio. Sus instituciones le impiden tomar medidas adecuadas y se manifiesta el divorcio entre su fisonomía y la de la Nación que dice representar. A la pérdida de prestigio sucede la ineficacia, y, a ésta, la amenaza de rebelión, porque si la sociedad no halla en el poder el instrumento de su felicidad, labra en la intemperie el instrumento de la subversión.

¡Esto es el signo de la crisis! 

El caso de los absolutismos abrió a las iniciativas amplio cauce; pero las iniciativas no regularían por sí mismas los objetivos colectivos, sino los privados. 

Mientras se fundaban los grandes capitalismos, el pueblo permaneció aislado y expectante. Después, frente la explotación, fortaleció su propio descontento.

Hoy no es posible pensar organizarse sin el pueblo, ni organizar un Estado de minorías para entregar a unos pocos privilegiados la administración de la libertad. Esto quiere decir que de la democracia liberal hemos pasado a la democracia social. 

Nuestra preocupación no es tan sólo crear un ambiente favorable para que los más capaces o los mejor preparados labren su prosperidad, sino procurar el bienestar de todos. Junto al arado, sobre la tierra, en los talleres y en las fábricas, en el templo del trabajo, donde quiera que veamos al individuo que forma esas masas, al descamisado, que identifica entre nosotros nuestra orgullosa compresión del acontecimiento de nuestro siglo, se halla hoy también el Estado.

Nuestro apoyo 

El Estado argentino de hoy tiene ahí puesta su atención y su preocupación. La felicidad y el bienestar de la masa son las garantías del orden, son el testimonio de que la primera consigna del principio de autoridad en nuestra época ha sido cumplida.

Queden con su conciencia los que piensan que el problema puede solucionarse aprisionando con mano de hierro las justas protestas de la necesidad o los que quieren convertir la Nación en un rencoroso régimen de trabajos forzados sin compensaciones y sin alegrías.

Nosotros creemos que la fe y la experiencia han iluminado nuestro pensamiento, para permitirnos extraer de esa crisis patética de la humanidad las enseñanzas necesarias. 

Esa masa, ese cuerpo social, ese descamisado que estremece con su presencia la mole envejecida de las organizaciones estatales que no han querido aún mortificarse ni progresar es, precisamente, nuestro apoyo, es la causa de nuestros trabajos, es nuestra gran esperanza. Y esto es lo que da, precisamente, tono, matiz y sentido a nuestra democracia social. 

Perfeccionar la libertad 

Señores: Estamos en este recinto unidos espiritualmente en el gran anhelo de perfeccionar la magna idea de libertad, que las desviaciones de la democracia liberal y su alejamiento de lo humano hicieron imposible. 

Cuando el mundo vive horas de dolorosa inquietud, nos enorgullece observar que lo que impulsa y anima nuestra acción es la comunidad nacional esperanzada. Conscientes de la trascendencia del momento, del signo decisivo de esa época en que nos hallamos, queremos hacernos dignos de su confianza. 

Señores Convencionales: Termino mis palabras con las que empieza y seguirá empezando nuestra Constitución: ¡Invoco a Dios, fuente de toda razón y justicia, para que os dé el acierto que los argentinos esperamos y que la Patria necesita!

JUAN DOMINGO PERON


Se cumplen 92 años de la Revolución de los Hermanos Kennedy.

  Por los Hermanos Kennedy se recuerda en la Argentina a un grupo de ciudadanos comandados por Eduardo, Roberto y Mario Kennedy que, en 1932...